miércoles, 13 de mayo de 2015

Caminante




Me encontraba caminando por la orilla, mirando dónde pisaban mis pies. De vez en cuando levantaba la cabeza para ver qué había delante de mí, pero al momento volvía a bajarla para mirar cómo mis pies iban dejando huellas.


No solía mirar mucho hacia atrás, pero llegó un momento en el que decidí mirar el camino que había recorrido. En ese instante fue cuando me di cuenta que mis huellas no eran las únicas que había sobre la arena, junto a ellas había más huellas. Durante todo el camino que había recorrido había huellas de otras personas, rastro de otros lugares, rastro de otras emociones. A lo largo del camino, algunas de esas huellas desaparecían, siendo borradas con el agua del mar. También iban apareciendo otras huellas, algunas incluso permanecían hasta donde estaba caminando en ese momento, pero no había sido consciente de ello. Quise volver atrás para poder ver esos rastros de cerca otra vez, pero algo me impedía volver, por más que lo intentaba no conseguía retroceder en el camino. Pensé que el camino que había recorrido era mejor que el que estaba recorriendo en ese momento, por eso quería volver una vez más atrás.


Era tanta mi insistencia de dar marcha atrás, estaba tan centrada en ello que, sin darme cuenta, me encontraba avanzando por el camino de espaldas, sin ver lo que estaba por llegar, sin ver dónde estaba en ese momento. Me encontraba avanzando pero mirando hacia atrás. Me estaba perdiendo la belleza del camino que estaba recorriendo, me estaba perdiendo esas personas, lugares y sentimientos que iban a dejar rastro en ese camino. El camino se terminaba sin que pudiese evitarlo, y yo no había disfrutado del último tramo. Ese camino, la vida, había pasado y ya no volvería a pasar nunca más.

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