
Pero un pájaro, por naturaleza, tiene que volar o sus alas se atrofian. A pesar de que el pájaro se sentía bien estando el suelo, ansiaba volar, de hecho lo necesitaba. Fue esa la razón por la que le dejé ir, porque, yo que me enamoré de su vuelo y su libertad, no iba a ser jamás quien le encerrase en una jaula.
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